“Preferiría que las multitudes estuviesen en desacuerdo conmigo que encontrarme fuera de armonía conmigo mismo” (Sócrates, referenciado en Diálogos, Platón s. IV a.C.).
Con esta referencia al pensador clásico por excelencia y como símil al personaje que muchos siglos después portó su nombre, nos embarcamos en un pequeño viaje hacia la revolución.
Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira, más conocido como Sócrates, fue un jugador brasileño de la década de los 80, considerado como uno de los más talentosos de su época. De piernas rápidas, toque elegante y una visión del espacio única, se podría decir que era un adelantado a su época. Revolución sin precedentes, ayudando a aumentar la leyenda del jugador brasileño —ese que enamora al espectador con sus regates imaginarios, sus cambios de ritmo atroces y su diversión en el juego—.
Fue el capitán de Brasil en 1982, aquel que proyectaba al mundo entero la figura de Naranjito —una simpática naranja con los colores de la selección del país que organizaba el torneo, España—, y pese a que el trofeo lo levantase la selección “Azurra” a esa Canarinha se la considera como una de las mejores selecciones sin estrella.
A nivel de clubes, destacó de forma excelsa en la competición doméstica, sobre todo con su Corinthians, alzando en tres ocasiones el Campeonato Paulista (79, 82 y 83).
En marzo de 1984 cruzaría el Atlántico, precisamente, para jugar en el país que había levantado la última copa del mundo. Aquella temporada ficharía por la Fiorentina, disputando 33 partidos entre la Serie A y la Coppa, donde anotó un total de 8 goles.

Al final de temporada regresaría a su país, jugando para el Flamengo. Luego pasaría por más clubes, entre ellos el Santos de su ídolo Pelé. Finalmente, se retiraría en 1989 en el Botafogo, club con el que hizo su debut como profesional en 1974.
Muchos son sus títulos, entre ellos una licenciatura en medicina, carrera que ejercería de forma simultánea en sus primeros años como profesional; pero sin ninguna duda, su mayor triunfo fue levantar el puño izquierdo contra la dictadura que vivía su país.
Con solo diez años fue testigo de cómo Castelo Branco daba inicio a la “Contrarrevolución de 1964”, un régimen totalitario contra ideas socialistas apoyado por la hegemonía americana; recordemos que nos encontramos en un período álgido de la Guerra Fría. En su época universitaria, él ya tuvo diferentes acercamientos a corrientes izquierdistas, siendo de esta manera que finalmente se adhería a dicho movimiento que luchaba contra la dictadura.
La materialización de sus ideas llegaría en su período del Corinthians. Después de un inicio avasallador y conseguir levantar un título, el equipo se vio sumergido en una mala racha que tuvo como consecuencia la renuncia del propietario (Vicente Matheus) y, como resultado, la llegada del sociólogo Adílson Monteiro Alves para hacerse con las riendas del club.
Curiosa la casuística de las decisiones, ya que Adílson era un acérrimo defensor de la tesis “todo pasa por todos” o, dicho de otra forma, que todos los jugadores fuesen escuchados y sus propuestas tomadas en consideración. Mediante asambleas y reuniones, ideas muy cercanas al ideal democrático socialista, el club puso en funcionamiento su “Democracia Corinthiana”.

Sin ninguna duda, por insignificante que parezca, fue una manera muy clara de romper con la hegemonía sectaria de los clubes y coger un altavoz muy mediático para denunciar y poner encima de la mesa una situación real discriminatoria y que sometía bajo el yugo totalitario a todo un país.
Pero él, como genio que era, no se quedó ahí. Fue un paso más allá. Apoyó abiertamente a un joven obrero izquierdista que se presentaba en la gobernación de Sao Paulo. Aquel joven, desconocido en aquella época, se llamaba José Ignacio “Lula” da Silva. A día de hoy, en el año 2026, es el presidente del país. Fue el 35.º presidente y ahora es el 39.º.

Pero la revolución solo había hecho más que empezar. Con la llegada del movimiento Diretas Já, un movimiento que promulgaba la proclama democrática en todo el país y la propuesta de unas elecciones basadas en el sufragio universal, Sócrates y, por ende, los líderes del Corinthians alzaron la voz, ejerciendo de altavoz mediático para el movimiento.
Como anécdota de todo lo narrado queda la final del año 83, jugada contra el Sao Paulo, donde los jugadores salieron al campo con una pancarta que rezaba: “Ganar o perder pero siempre con democracia”

Pero el pulso del Doctor no se quedaría ahí. En 1894 proclamó que abandonaría el país en el caso de que el parlamento no aprobase unas elecciones representativas apoyadas por la cámara legislativa, y efectivamente, en ese momento fue cuando cruzó el Atlántico para llegar a la Toscana italiana.
Su carrera futbolística, como refleja el principio del artículo, volvió a estar vinculada a Brasil, al fútbol de sus pasiones y demonios. Pero siempre con tintes ideológicos y muy presentes los valores por los cuales moría.
Una vez retirado, se dedicó a la medicina, pero su huella y legado ya estaban presentes para todos. Un visionario dentro y fuera del terreno de juego. No sabría deciros si la revolución empezó en el campo con su juego y pasó a la calle o simplemente él era así de nacimiento y por eso su juego estaba impregnado de esa valentía.
