Del pop ochentero italiano a las gradas: ‘Un giorno all’improvviso’

“Alé, alé, alé… alé, alé, alé…” Hay canciones cuya melodía genera una adicción, una necesidad diaria de satisfacer el deseo de volver a escucharla y entonarla.

‘Un giorno all’improvviso’, tiene esto. No sabemos muy bien qué. Así como ‘Un día de partit’ y ‘Los años han pasado’. Cánticos, de los más bellos que se escuchan en las gradas de varios de los grandes equipos del fútbol europeo. En España, F. C. Barcelona, Atlético de Madrid, Real Madrid, Valencia, Osasuna y un largo etcétera de clubes han versionado esta canción italiana cuyo origen está en el Estadio Diego Armando Maradona. O eso creíamos.

La historia, como casi siempre en el fútbol, es algo más caprichosa. Si bien el cántico retumba ahora en estadios de medio continente y se atribuye su invención a la afición napolitana, es de justicia recordar que su germen no nació en la élite, sino en un rincón mucho más modesto del calcio. Fue en 2014 cuando la afición de L’Aquila, un equipo de la cuarta división italiana, entonó una melodía distinta, pegadiza, casi hipnótica. Allí, donde el fútbol es de verdad, nació ese “alé, alé, alé…” que hoy carece de fronteras. 

Autor: L’Aquila 1927

Un año después, en 2015, el Napoli recogió aquel eco y lo transformó en algo propio. Lo adaptó, le dio identidad y lo elevó. La grada partenopea bailaba en aquel momento al ritmo de Gonzalo Higuaín, un argentino que vivía su mejor momento en el sur de Italia -evocando épocas gloriosas-. Fue en ese momento cuando el cántico encontró casa, una aún más grande y popular. El estadio -entonces San Paolo- hizo el resto: lo amplificó; lo convirtió en ritual. Nápoles no inventó el cántico, pero sí lo convirtió en himno.

Desde ahí, escaló imparablemente. Primero se extendió en Italia, después en España y más tarde en buena parte de Europa. Cada afición lo moldeó a su manera, cambió letras, adaptó mensajes, pero mantuvo intacta la esencia. El escudo era la excusa para entonar ese “alé, alé, alé…”

‘Un giorno all’improvviso’, ante todo, es un himno del fútbol.

‘L’estate sta finendo’ – Righeira

A mitad de artículo volvemos a cambiar la hoja de ruta, pues el viaje no empieza ni en Napoli ni en L’Aquila. Para encontrar el origen real de este cántico hay que retroceder hasta mediados de los años ochenta. En 1985, el dúo italiano Righeira, formado por Stefano Righi y Stefano Rota, lanzó ‘L’estate sta finendo’, una canción que respiraba ese aire despreocupado del pop europeo de la época, entre sintetizadores y estribillos ligeros.

El tema fue un éxito notable en Italia. Llegó a situarse entre los sencillos más vendidos del año y se convirtió en una de esas canciones que, sin hacer demasiado ruido fuera de su tiempo, terminaron quedándose en la memoria colectiva. Hablaba del final del verano y de la nostalgia por esos amores fugaces que se van cuando se apaga el sol estival. 

Aquella canción no hubiera tenido mayor recorrido fuera de los márgenes del país transalpino, pero la pelota apareció para brindarle una segunda vida. Su estribillo, sencillo y repetitivo, parecía hecho a medida para una grada. Y ahí es donde el fútbol, de todos, hizo suyo el tema. Más lento, más emotivo, más visceral.

“Un giorno all’improvviso, mi innamorai di te, il cuore mi batteva, non chiedermi il perché. Il tempo che è passato, ma sono ancora qua, ed oggi come allora, difendo la città”. Letra adaptada por la afición del Napoli.

Ironías del fútbol

No debería sorprendernos. Otro chiste más del fútbol. Stefano Righi y Stefano Rota, autores de la canción que inspiraría el cántico más icónico en la era reciente del Napoli, son de la Juventus. Un tema dado a luz lejos del sur, pero reinterpretado por su mayor exponente para celebrar los triunfos contra su rival. Insistimos, el fútbol y la música son de todos. Y de nadie.

Ir a un campo de fútbol y escuchar ese “alé, alé, alé…” es sinónimo de piel de gallina. Es un cántico que genera inmediatamente un sentimiento de pertenencia, pues es sencillo de entender y bonito. El mensaje de estribillo va a gusto del aficionado, pero ese “alé, alé, alé…” funciona por su simpleza y complejidad. Esas tres letras, en un ejercicio de pura economía del lenguaje, consiguen lo más importante: sintetizar el amor de un aficionado hacia su escudo. Por eso  ‘Un giorno all’improvviso mi innamorai di te’, calcio.