11 de julio del año 2010, todo un país en pleno éxtasis; por primera vez en su historia, España se proclamaba campeona de la Copa del Mundo. Algo impensable hasta hacía muy poco. En medio de aquel tumulto —el que formaban los jugadores alzando al cielo de Johannesburgo a Andrés Iniesta y el de millones de aficionados abrazándose y chillando—, un protagonista surge entre todo aquel anagrama de sentimientos.
8 de agosto de 2009, apenas un año antes de este momento, los aficionados al fútbol nos levantábamos con la terrible noticia del fallecimiento del capitán del RCD Espanyol de Barcelona. Dani Jarque nos dejaba con apenas 26 años, sin duda una terrible noticia que removería a todo un país.
No quiero entrar en detalles de cómo fue la temporada, simplemente destacar la figura protagonista de este artículo. Andrés Iniesta, el jugador del FC Barcelona, mantenía una gran relación de amistad con el capitán blanquiazul. Su trágico fallecimiento afectó la salud mental del mediocampista, convirtiendo la temporada en una montaña rusa de entradas y salidas en los terrenos de juego por lesiones, seguramente causadas por un motivo de más peso en estrecha relación con la difícil situación personal por la que estaba pasando.
Con esta contextualización, llegamos al momento clave. No voy a relatar cómo fue el mundial; no nos importa. Un año después del terrible suceso, el país celebraba, y lo hacía de la mano del mago de Fuentealbilla. Que en un gesto humano excelso, se quitó la camiseta de partido en la celebración del gol para mostrarle al mundo entero un mensaje que se recordará por siempre: DANI JARQUE SIEMPRE CON NOSOTROS. Sin duda, uno de los gestos más emocionantes que se ha vivido en el deporte (por lo que significa, sin entrar en la rivalidad entre ambos clubes). Gesto que sin duda nos une, en vez de alejarnos. Gesto que acerca al otro, que rompe la barrera de la rivalidad y que nos enseña que ninguna rivalidad debería estar por encima de lo humano.
Por eso, ahora que se acerca de nuevo la Copa del Mundo, considero traer a colación este gesto. Como señal de que un mejor lo que sea es posible. También para honrar la memoria de Dani, que sin duda siempre será recordado como lo que fue, un gran capitán, padre, marido y persona.
