Las fronteras han sido un tema mayormente relacionado con tensiones internacionales, e incluso la guerra. Pero hay una en concreto, que además de separar dos países, también separa dos estadios de fútbol.
Poco tienen que ver el Rey Luis II de Mónaco con el exfutbolista y ahora, a fecha en la que se escribe este artículo, seleccionador de Francia, Didier Deschamps. Sin embargo, apenas la distancia de un paso de peatones, une sus nombres gracias, a quién si no: el fútbol.
Sí, campos de fútbol cercanos hay muchos en el mundo y muy conocidos. Buenos ejemplos son el Cilindro y el Libertadores de América, cuya cercanía le da siempre un tono aún más épico al clásico de Avellaneda entre Racing e Independiente… O el Parque de los Príncipes, casa del París Saint-Germain y el Jean Bouin, en el que juega el París FC.

Pero… ¿Y si a estos dos campos, además los separase la frontera entre dos países?
Sin duda, se trata de algo único porque, evidentemente, el Estadio Luis II de Mónaco, hogar del A.S. Mónaco, pertenece a este famosísimo principado… Pero a tan sólo una avenida, la Avenida Del Puerto (Avenue Du Port) se encuentra, en suelo francés, el Estadio Didier Deschamps.
STADE LOUIS II
Con ya superadas las cuatro décadas de vida, el Luis II se erige como las instalaciones deportivas más importantes de Mónaco (con la salvedad de su archiconocido circuito urbano que tan popular ha hecho la Fórmula 1).

Pese a su relativa modernidad, oposita a ser muy efímera ante la cantidad de nuevos y modernísimos estadios que se están construyendo en estos últimos tiempos. En su día fue uno de esos “prodigios de la arquitectura” ya que se levantó sobre unos terrenos ganados al mar y tanto sus plazas de aparcamientos, como oficinas y demás dependencias son subterráneas.
Y hablaba de “relativa modernidad” porque, pese a que la principal actividad que se desarrolla en este complejo deportivo monegasco es el fútbol, también cuenta con una de esas fatídicas pistas de atletismo que tanto alejan al espectador de los 22 protagonistas que salen al campo.
Eso sí, tampoco le quitará nadie el su Palacio de Deportes Gaston-Medecin ni el centro de deportes acuáticos Príncipe Alberto II.
Más de uno recordará sus arcos semejantes a los de un acueducto en uno de sus dos fondos… O sus gradas amarillas, ya que desde 1998 fue la sede de la Super Copa de Europa, hasta el año 2012. Una enorme parte del sevillismo todavía tendrá grabada en su mente aquel partido contra el Fútbol Club Barcelona… Igual que le pasará a muchos colchoneros con la exhibición de Falcao ante el Chelsea, y así, con infinidad de memorias más que siempre ha dejado el torneo por excelencia de cada pretemporada.

Pero no sólo los “amores de verano” han tejido la historia del Luis II. Un campo que se quedó a tan sólo un partido (aunque lejos de Mónaco) de celebrar una Champions League de su equipo (el Porto de Mourinho lo evitó) y en el que también dio sus primeros pasos como futbolista profesional y en el que despuntó lo justo para que el mundo del fútbol ya supiese hasta dónde podía llegar.
¿LUIS II?
Y… ¿Por qué Luis II? Durante su etapa de 27 años como Príncipe Soberano de Mónaco, deportivamente destacó la fundación del A.S. Mónaco y la celebración de las primeras carreras de automóviles allí.

Sin embargo, la construcción del estadio actual llegó 40 años después de su fallecimiento, cuando el máximo gobernador moengasco era su sucesor y nieto, Rainiero III, que decidió que el campo debería llevar el nombre de su predecesor. Sin embargo, no deja de ser curiosa la relación entre ambos, porque Rainiero era hijo de Carlota Grimaldi, hija fruto de una relación extramatrimonial de Luis II.
Pero para colmo, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Luis II mantuvo la neutralidad del principado, aunque su apoyo a la Francia de Vichy (el gobierno títere colaboracionista nazi) hizo que su nieto desconfiase de él.
STADE DIDIER DESCHAMPS
Al otro lado de la frontera, como si de una película se tratase, pero que no imnplica más que cruzar la Avenue Du Port, se encuentra el Didier Deschamps. Un campo que había sido conocido como Stade Marquet y que se ubica en la ciudad francesa de Cap d’Ail.

Desde el año 2001, la familia Deschamps se estableció en esta ciudad y, tras el logro del Mundial de 1998 como jugador. Un logro por el que ya se rebautizó con su nombre al estadio de Bayona, su ciudad natal.
Y es que precisamente, el propio Didier, fue el encargado de dirigir a la Francia campeona del Mundo de 2018 en Rusia, con nombres como Hugo Lloris, Raphael Varane, N’Golo Kanté, Paul Pogba, Kylian Mbappé o Antoine Griezmann entre sus filas.

Motivo principal por el que se optó por el cambio de nombre del coqueto Marquet, más cercano a la residencia del seleccionador galo y que, como él mismo afirmó en el acto en el que se presentó su nuevo nombre, está hecho “para los más jóvenes”, para que se desarrollen en un terreno de juego en condiciones, y puedan vivir sobre él todas las emociones –las buenas y las no tan buenas- que es capaz de provocar el fútbol y que él ha podido vivir en primera persona.
MÁS QUE UNA FRONTERA ENTRE DOS PAÍSES
La relación entre Francia y Mónaco se ha construido a lo largo de siglos mediante una combinación de acuerdos políticos, vínculos geográficos y dependencia estratégica. Francia garantiza la defensa y la independencia del principado, mientras que Mónaco coordina su política exterior con la francesa. Además, ambos comparten una unión aduanera y el uso del euro, lo que facilita la integración económica del microestado con su vecino. La frontera, de apenas 5,5 km, refuerza esta interdependencia.
Históricamente, Mónaco surgió alrededor de la estratégica Roca de Mónaco, disputada durante siglos hasta que los Grimaldi, mediante el célebre episodio de 1297, se hicieron con su control. A lo largo del tiempo, el principado pasó por periodos de protectorado francés, español y sardo, recuperando su soberanía en distintas etapas. La cesión de Menton y Roquebrune a Francia en el siglo XIX permitió que Mónaco asegurara su independencia definitiva, reconocida internacionalmente a partir de 1861.
Ya en la era contemporánea, el país consolidó su identidad como centro turístico y financiero, especialmente tras la construcción del Casino de Montecarlo. La ausencia de impuestos directos atrajo a grandes fortunas, lo que reforzó su imagen de enclave de lujo. A pesar de su reducidísima población nacional —la única impedida de jugar en el casino—, Mónaco mantiene una monarquía estable y una estrecha colaboración con Francia, que continúa siendo el socio esencial de su existencia política y económica.
Muchos dirían eso de “café para cafeteros”. Pero para los más curiosos, los escenarios como este, la cercanía entre dos campos, que pasan desapercibidos a simple vista, sirven también como lanzadera a la cultura y el conocimiento más allá del propio deporte.El fútbol tiene esa cualidad tan inexplicable de unir y separar, hasta para el que lo ha vivido, sentido y seguido desde tener uso de razón. Pero es en casos como este, el de los Estadios Luis II y Didier Deschamps, que es capaz no sólo de unir dos campos de fútbol, sino de además hacerlo con dos países –aunque con la inestimable colaboración de ambos-.