El 17 de octubre de 2009, el Stadium of Light fue escenario de uno de los goles más surrealistas jamás vistos en la Premier League. Aquel día, el Sunderland venció por 1‑0 al Liverpool gracias a un tanto de Darren Bent que, en cualquier otro contexto, pasaría como un gol más. Pero no fue uno cualquiera. Fue el gol del balón de playa.
Antes del inicio del partido, un joven aficionado del Sunderland arrojó al campo un balón hinchable rojo, con el escudo del Liverpool. Nadie lo retiró. El árbitro Mike Jones tampoco lo consideró una interferencia. Se gestó el error.
Apenas corría el minuto 5 cuando Darren Bent disparó desde el área y el balón oficial impactó de lleno en la pelota hinchable. El desvío fue tan inesperado que Pepe Reina, confundido, se lanzó hacia la dirección equivocada, engañado por el balón de playa.
“Perdí de vista el balón oficial y me quedé con el rojo”, explicaría Pepe Reina más tarde, aún perplejo por lo sucedido.

A pesar de las protestas de los jugadores del Liverpool, el árbitro concedió el gol. Lo que debió haberse resuelto con un balón a tierra, como indica el reglamento de FIFA al tratarse de un “agente externo”, se convirtió en una de las jugadas más infames de la historia reciente del fútbol inglés.
Ese fue el único tanto del partido. El Sunderland se llevó los tres puntos, y la polémica no tardó en incendiar los medios y las redes.
La indignación fue tal que Mike Jones fue relegado a arbitrar en la Championship la semana siguiente. El ex colegiado Jeff Winter, entre otros, fue tajante:
“Estoy absolutamente sorprendido. La ley es elemental: el gol nunca debió haber valido.”
La FIFA, por su parte, respaldó que el árbitro debió haber parado el juego. Pero ya era tarde. El tanto entró en los libros de historia.
Incluso el balón de playa acabó expuesto en el National Football Museum de Manchester. Aunque su autenticidad sigue siendo un misterio, el símbolo de aquella tarde sigue presente en la memoria de muchos.
Aquel día marcó un antes y un después para Pepe Reina. El portero español, uno de los más sólidos de la Premier, quedó en evidencia sin culpa alguna. Años después, en tono de resignación, compartió en redes sociales:
“Who the hell put the ball in there? 😢😕”
En entrevistas posteriores, Reina fue claro:
“Fue muy mala suerte. No conocíamos la regla porque, de lo contrario, habríamos protestado. Eso hace aún más grave el error del árbitro.”

El delantero del Sunderland siempre supo que ese gol quedaría para la historia, aunque quizás no como él hubiera preferido:
“No conecté tan bien con el balón, pero sabía que iba a puerta… Golpeó la pelota de playa y entró. Solo pensé: ‘¡es gol!’ y salí corriendo.”
Y aunque marcó 106 goles en Premier League, admite con ironía:
“La gente solo me recuerda por eso. Me dicen: ‘¡Ah! Tú eres el del balón de playa, ¿no?’”
Diez años después, reflexionaba con humor:
“Incluso si intentara recrear esa jugada, me costaría. Las probabilidades son más bajas que ganar la lotería.”
Rafa Benítez, entrenador del Liverpool en ese momento, evitó cargar toda la responsabilidad en el árbitro o el incidente:
“Tuvimos mala suerte con el gol, pero el equipo no jugó bien. Eso es algo que debemos corregir. Las otras cosas no se pueden controlar.”
En el otro lado, Steve Bruce, técnico del Sunderland, trató de rebajar la polémica con humor:
“Si sabías que esa jugada debía anularse… entonces eres un empollón del reglamento.”
Tras el partido, se conoció que Mike Jones no anuló el gol porque pensó que la trayectoria fue desviada por un defensa, concretamente Glen Johnson, lo que le llevó a darlo por válido. Cuando se dio cuenta del error en el descanso, al hablar con Darren Bent, se le dibujó el pánico en la cara. Bent recuerda:
«Me dijo “¿golpeó el balón?” … cuando le dije “Sí”, había pánico en su cara. Se dio cuenta de que se había equivocado un poco».

Hoy, con el uso del VAR, un gol como aquel jamás sería convalidado. Así lo reconocen todos los implicados. El episodio sirvió como recordatorio de lo imprevisible que puede ser el fútbol, y también de la necesidad de modernizar la tecnología y el criterio arbitral en la élite del deporte.
Aquel rebote en un balón de playa no solo venció a un portero de talla mundial, sino que dejó una lección imborrable: en el fútbol, hasta lo absurdo puede hacerse histórico.
https://www.theguardian.com/football/2009/oct/18/premier-league-liverpool-beachball
https://www.theguardian.com/football/2009/oct/19/liverpool-sunderland-beachball-replay