El Racing de Santander es uno de los diez equipos fundadores de la Primera División. Como si de las trece colonias inglesas que empezaron a fraguar la actual Estados Unidos se tratara, el equipo cántabro mantiene constantemente esa especial aureola independientemente de la categoría en la que se encuentre en la actualidad. Un club repleto de anécdotas y curiosidades de lo más variopinto. Como ejemplo, su partido contra el Madrid un 24 de octubre de 1954 fue el primero en la historia que se transmitió por televisión. Como segundo plato, también fue el primer equipo en España en lucir publicidad en su camiseta. Esto fue un 27 de diciembre de 1981 en un partido disputado en el Bernabéu contra el Real Madrid. El logo fue la empresa Teka, que años más tarde luciría precisamente el conjunto blanco. Sin duda, el Racing fue pionero en muchas cuestiones relacionadas con el fútbol español, pero dentro de su larga y sufrida historia, me quiero detener en una temporada en concreto de la segunda división de los lejanos años 70.

A principios de la anterior citada década, un fenómeno viral se expandió en el fútbol español. Aunque el término viral no se acuñaba por aquel entonces, el resultado fue el mismo que en las noticias que vivimos en la actualidad. Todo el mundo conocía al ‘Racing de los Bigotes’. ¿El motivo? Una especie de apuesta entre los jugadores del equipo de no afeitarse el bigote hasta que perdieran un partido.
El inicio en liga había sido fulgurante. Con Maguregui a la cabeza, el equipo cántabro permanecía invicto jornada tras jornada creando un halo de invencibilidad. Nadie podía doblegar a los montañeses, que con un juego poco espectacular pero muy fiable, salía airoso de todos los encuentros. Ganando o empatando, su casillero de puntos siempre sumaba. Aunque como muchas historias, la realidad empaña en cierta medida el poder mágico del titular de una noticia, o está vez, de un apodo o etiqueta colectiva. Explico por qué.
Era la temporada 72/73 de la segunda división y el Racing, equipo experto en dicha categoría, afrontaba el reto de conseguir el ascenso a primera cuanto antes presentándose como uno de los capos de la competición. Y así fue en las primeras jornadas de liga, la escuadra entrenada por José María Maguregui lograría seis victorias y un empate en un arranque fulgurante. Además, hasta ese momento no habían encajado ni un solo gol. La maquinaria defensiva de Maguregui funcionaba a la perfección. Hasta ahí, todo el mundo contento, pero todavía sin rastro de lo de ‘el Racing de los bigotes’. Entonces llegamos a la jornada ocho. Los verdiblancos visitan Elche con el entusiasmo desbordando por los cuatro costados y sintiéndose totalmente invencibles. Durante el viaje de ida a la ciudad alicantina, Maguregui en tono bromista, retó a los suyos a dejarse bigote si por lo menos puntuaban en Elche. Medio en broma medio en serio, varios jugadores cogieron el guante del míster. Aunque fue tras el partido cuando la apuesta empezó a germinar dentro del vestuario. En Elche se logra empatar a uno, primer gol en contra en el campeonato, pero aun habiendo encajado un tanto, el Racing salía vivo de uno de los campos más difíciles de la categoría.
Además, seguía invicto y mantenía el liderato en la tabla clasificatoria. En el viaje de vuelta a Santander fue cuando los integrantes de la plantilla decidieron echar un pulso al técnico vasco y aceptar el ‘reto bigotudo’. Todos se dejarían mostacho hasta el día que pierdan un partido. Como era habitual en la época, algún jugador ya contaba con el bigote en su rostro, algo muy de moda en los setenta, pero otros tuvieron ciertos problemas para que les creciera. Además, se creó una sanción interna para que todo el vestuario acatara la apuesta sin rechistar. Las siguientes jornadas siguieron la tónica precedente. Empate a uno contra el Sant Andreu en el Sardinero, empate a cero contra el Barakaldo en Lasesarre y victoria en casa contra el Mallorca por 1-0. Después de once jornadas todo iba sobre ruedas. El ‘Racing de los bigotes’ ya por fin era una realidad.

En España era de sobra conocida su gesta, periódicos como el diario Marca se hicieron eco de la magnitud de la apuesta y hasta la televisión se desplazó hasta la concentración del equipo en Madrid, horas antes de jugar contra el Rayo, para entrevistar a los jugadores, quienes ya empezaban a tener hechuras más propias de estrellas del Rock and Roll que de futbolistas de segunda división. Pero era normal, la marea bigotuda se extendió incluso a los aficionados, quienes hicieron lo propio dejándose crecer el bigote, el que podía claro está. Porque no todo el mundo tiene esa parte del bozo poblada de pelo, algo que sufrieron algunos jugadores del Racing. Por ejemplo, el defensa Chinchón, que tuvo que pintárselo con carboncillo para simular un pequeño bigote. Otros sin embargo se ponían bigotes postizos que vendían en los aledaños del antiguo estadio del Sardinero. Está claro que muchos aprovecharon la ola para hacer negocio, como aquel barbero de Barakaldo que se ofreció para afeitar gratis cada uno de los bigotes de los jugadores racinguistas.
Al final el empate a cero en Lasesarre le dejó con las ganas de hacerse célebre. Hasta la fecha todo eran risas, fiesta y sobre todo muchas ganas de doblegar a los cántabros por parte de los rivales, quienes afilaban los cuchillos, o las tijeras más bien, para ser los primeros en vencer al Racing de los bigotes. Así se llegó a la jornada duodécima. El equipo santanderino visitaba el campo de Vallehermoso, feudo temporal del Rayo Vallecano, que por obras en su estadio se vio obligado a jugar allí unos cuantos años. El partido fue histórico, pero no porque el Racing sumara una victoria más, sino más bien por todo lo contrario. El equipo vallecano logró por fin derrotar a los santanderinos.
Un incontestable 2-0 con un Vallehermoso lleno hasta la bandera, dio al traste con la esperanza de los jugadores del Racing de prolongar su invencible racha más allá de la jornada doce. Se perdió el primer partido e incluso el liderato, algo que sentó como un jarro de agua fría en el crecido y envalentonado vestuario racinguista. A partir de la visita a Vallecas, se empezaron a perder algunos partidos y la fiebre de los bigotes empezó a decaer, pero no del todo, el equipo santanderino hizo de su estadio un auténtico fortín, donde nadie pudo ganarles en toda la temporada. Ese bigote flaqueaba fuera de casa, pero en el Sardinero seguía conservando la magia. Al final el objetivo se consiguió. El equipo santanderino consiguió ascender a primera división con cierta holgura. Su espectacular arranque de temporada sumado a la fortaleza que ofrecía en el Sardinero, provocó que en la jornada 35, el equipo consiguiera ante el Tenerife el deseado ascenso de forma matemática. Muchos de sus jugadores mantuvieron sus mostachos toda la temporada e incluso alguno de ellos ya convivieron con él durante el resto de sus vidas.
El equipo de Maguregui era un bloque sólido, sin grandes alardes ofensivos ni combinatorios, pero era regular, intenso y tremendamente físico. Su once de gala es recordado todavía por los viejos del lugar, quienes lo recitan en cualquier rincón de la ciudad: Santamaría, De la Fuente, Chinchón, Sistiaga, Espíldora, Barba, Santi Gutiérrez Calle, García, Amado, Arrieta y Aitor Aguirre.

En Santander se sigue recordando a aquel equipo de los bigotes con gran cariño. Para los que hemos oído su historia, tendemos a pensar que era una especie de ‘Brasil del 70’ que realizaba un juego espectacular, que fue invencible durante prácticamente todo el campeonato y que ascendió como primero con muchos puntos sobre el segundo, pero no fue del todo así. Su juego fue más bien defensivo, se dejó muchos puntos fuera de casa y no subió como primero sino más bien como tercero, por detrás del Murcia (54 puntos) y del Elche (50 puntos). A decir verdad, expliqué al inicio del relato que el mito de los bigotes fue un poco inflado, ya que la apuesta de dejarse bigote y de hacerse viral por toda España se inició tras la jornada ocho contra el Elche. Dicha apuesta y por tanto, imbatibilidad, duró hasta la jornada doce, momento en el que se pierde contra el Rayo, es decir, solo tres partidos fue lo que duró el efecto bigote. Para más inri, la imbatibilidad de los bigotes se terminaría en Vallehermoso en pleno noviembre, mes del movimiento movember, donde muchos hombres suelen dejarse mostacho en homenaje a la salud masculina. Pero si hay un equipo especialmente recordado ese año en la categoría de plata del fútbol español fue sin duda ese Racing de los bigotes. Un equipo cuya gesta inicial se publicó en varios medios nacionales y que a día de hoy permanece en la memoria de los aficionados verdiblancos más veteranos, manteniendo vivo el recuerdo de un equipo que durante un buen tiempo fue invencible para cualquier oponente.
En la última jornada de liga de la temporada 2022/2023, en los prolegómenos de un Racing – Cartagena y con motivo del 50 aniversario de tal mencionada gesta, el capitán, Manolo Chinchón, hizo el saque de honor acompañado de varios integrantes de aquella plantilla (Aitor Aguirre, Portu, Pedro Alba, Manolo Díaz, Docal y Sebas) ante un estadio rendido sus pies, o a más bien a sus bigotes.