El lateral croata fue uno de los emblemas de la Croacia de finales de la década de los 2000 y principios de la de 2010 erigiéndose como el capitán y espejo en el que mirarse para la generación de oro que le precedería.
Darijo Srna (Metković, Croacia, 1982) perteneció al seno de una familia de origen bosnio que había recalado en Croacia y el contexto sociopolítico de la época les obligó a sobrevivir a la Guerra de los Balcanes —momento en el que se separaría la antigua Yugoslavia— con Darijo siendo tan solo un niño.
Con el fin de la guerra, la familia Srna quedó económicamente muy mermada. Tanto es así que el joven Darijo tuvo que vender verduras en un mercadillo para poder comprarse sus primeras botas de fútbol. Un esfuerzo que posteriormente le brindaría la oportunidad de su vida.
Un cambio clave
La seguridad y el criterio que el joven atesoraba con la pelota en los pies comenzó a hacerse eco en las calles de Metković y un cazatalentos consiguió ficharlo para las inferiores del Hajduk Split. Allí trató de labrarse un nombre sin contar con el apoyo de quienes le cuestionaban debido a sus orígenes bosnios y, aun así, se convirtió en uno de los mejores jugadores del equipo.

Tal fue su irrupción que en el año 2003 y con tan solo 21 años el Shakhtar Donetsk decidió fichar al futbolista para, seguramente, convertirse en uno de los traspasos más importantes de la historia moderna del elenco ucraniano. Además, al año siguiente Mircea Lucescu llegaría al equipo para consagrarse como el mejor entrenador de la historia del club y potenciar al joven Srna.
Hasta ese día el croata jugaba como medio derecho siendo un futbolista clave en el balón parado. Pero la decisión de Lucescu de alinearlo en el lateral derecho le convirtió en una leyenda en mayúsculas del Shakhtar. Golpeo de balón excelente, buen rigor táctico y una capacidad física envidiable le situaron como uno de los grandes laterales de Europa.
Un romántico incomprendido
Piensas en Darijo Srna y todas las imágenes que recopilas en tu cabeza son siempre ligadas a un brazalete de capitán. Fue precisamente ese amor a unos colores y el deseo de ganar con quien le había dado la oportunidad de ser el futbolista que fue lo que invitó al lateral croata a rechazar todas las ofertas para salir a clubes grandes de Europa.

Bayern de Munich, Chelsea, Tottenham, FC Barcelona o Real Madrid fueron algunos de los “no” más destacados de la carrera de Srna. Sin embargo, el más famoso se produjo cuando el Liverpool trató de ficharlo en el año 2008: “Dejaré al Shakhtar solamente si dejo de ser titular en el equipo. Quiero ganar algo grande con el Shakhtar y por ahora no quiero abandonar al equipo…”.
Paradójicamente, un año después de la oferta de los reds el mítico capitán del club ucraniano lograría ganar la Copa de la UEFA por 2-1 al Werder Bremen siendo un jugador trascendental en el choque con la asistencia que daría el título al Shakhtar Donetsk. Tal fue su desempeño que fue galardonado con el trofeo al mejor jugador del partido, cumpliendo así una promesa que, ciertamente, un año antes parecía una utopía.

Una carrera entera dedicada al Shakhtar donde llegó en 2003 y de donde se despidió quince años después como ese jugador que prefirió llorar con ellos a celebrar con otros.
Legado en la selección
El debut del lateral con la selección ajedrezada data del 20 de noviembre de 2002 en un amistoso ante Rumanía. A partir de ahí y, sobre todo, de su fichaje por el Shakhtar Donetsk comenzó a ser llamado con Croacia con asiduidad. El primer torneo importante que disputó fue la Eurocopa de 2004 con tan solo 22 años en la que su participación fue más bien discreta. La primera cita mundialista para el jugador de Metković fue el Mundial de Alemania en el año 2006.

Allí, ya como lateral derecho, fue titular en los tres partidos de la fase de grupos llegando a marcar un gol y fallando un penalti en el segundo partido ante Japón que a la postre podría haber dado a su selección el pase a los octavos de final. En la Eurocopa de 2008 volvió a ser importante anotando un gol en fase de grupos que permitió a Croacia pasar como primera de grupo. Pero desgraciadamente la lotería de los penaltis terminó apeándoles del torneo en unos agónicos cuartos de final contra Turquía.
Tras no participar en el Mundial de Sudáfrica, la selección arlequinada llegó tanto a la Euro de 2012 como al Mundial de Brasil en 2014 como una de las selecciones underdogs con jugadores de la talla de Modrić, Rakitić o Mandzukić. Pero la realidad distó mucho de las pretensiones que se tenían con Croacia y en ambos acontecimientos no fueron capaces de superar la fase de grupos, siendo catalogadas estas dos prematuras eliminaciones como dos auténticos fracasos.
Un adiós a destiempo
El último gran torneo del eterno 11 de la selección croata fue la Eurocopa disputada en Francia en 2016. Un torneo que no sería fácil para el lateral. Tras el primer partido, Darijo Srna conoció la noticia del fallecimiento de su padre. Después de trasladarse a su país para el funeral, el capitán volvió y fue titular en el resto de los partidos de la fase de grupos. Los croatas vencieron a España y se clasificaron como primeros a octavos. Parecía que podría ser este su gran torneo. Sin embargo, el mal hacer de Portugal en la liguilla acabó emparejando a ambas selecciones en octavos y los lusos se impusieron a los balcánicos con un gol al final de la prórroga de Quaresma.

Tan solo un día después de la eliminación, el eterno capitán anunció que abandonaba el combinado nacional a sus 33 años tras haber defendido la camiseta de su país en 134 ocasiones. Lo que no sabía el bueno de Darijo es todo lo que el destino regalaría a su selección en las dos próximas Copas del Mundo: un subcampeonato en 2018 y un tercer puesto en 2022. Un lateral infravalorado que se retiró justo antes de comenzar un periplo ganador, el cual engrandece su figura como el gran capitán que inculcó ese liderazgo y tesón a las nuevas generaciones del fútbol croata.