Año 2021, el cineasta italiano Paolo Sorrentino, genio y figura del arte de la gran pantalla, estrena a nivel mundial su último drama: «Fue la mano de Dios». Una película centrada en su Nápoles natal, ambientada en los años ochenta, en la que el protagonista podría ser perfectamente un alter ego del propio director.
Dicha película recoge muy bien la esencia de la ciudad, una ciudad de fútbol que solo entiende la vida disfrutando de la pasión que este genera. El trascurso de la vida de la familia se entrelaza con la llegada del genio y figura argentino. De forma subyacente, observamos cómo la vida de los napolitanos gira alrededor del D10s. De forma espectacular, nos narra la llegada de Diego; se entiende como si se tratase de la llegada de un astro que amenaza con destruir la faz de la tierra o que como mínimo va a interferir en lo que se ha conocido hasta aquel momento. Y efectivamente, así fue.
Diego es menester de la ciudad; donde desde su fallecimiento en noviembre del 2020 pasó a categoría de santo. Y a pesar de que la película se centra en otros aspectos, es espectacular observar la evolución de su figura. Pero, de todo lo que se extrae, repito, de forma indirecta, lo más interesante es el punto de vista de la sociedad napolitana respecto a la mayor genialidad que ha ocurrido en un terreno de juego. A modo de contexto: La selección italiana caía eliminada en la ronda de octavos contra la selección francesa (que quedaría tercera en aquella competición). Mientras tanto, la Argentina del Diego eliminaba a Uruguay y se medía a Inglaterra. No voy a detallar nada sobre el conflicto geopolítico que rodeaba el encuentro, sin duda un factor primordial, que le daba al encuentro un talante aún más especial.
Pues bien, observen y entiendan cómo se vivió aquello en las sinuosas calles situadas al pie del Vesubio. Nápoles mutó; por unos instantes se escuchaba tango y las familias se juntaban para preparar asado mientras en todos los televisores su santo patrón alzaba el puño izquierdo en señal de venganza contra el imperialismo. Apoteósico.
Para la historia quedaría recogida esa instantánea, como para la historia se convertiría DIEGO ARMANDO MARADONA en amo y señor de una ciudad.
