Islandia: la fuerza del aplauso vikingo

En el verano de 2016 el combinado islandés disputó por primera vez en su historia la fase final de una Eurocopa. Todo parecía indicar que su participación en el torneo continental sería totalmente anecdótica, pero la unión de un grupo de jugadores comprometidos con una afición ruidosa y pasional convirtió a Islandia en una de las grandes revelaciones de la Euro 2016.

Una selección comandada por jugadores de la talla de Gylfi Sigurdsson, titular y responsable de toto el balón parado del Swansea City en Premier League o Johan Gudmundsson, uno de los futbolistas más interesantes en Championship que esa temporada registró 6 goles y 11 asistencias como extremo izquierdo.

Pero lo que realmente llamaba la atención del combinado vikingo era el rendimiento del conjunto por encima de las individualidades. Un equipo muy organizado y solidario que sacaba todo el jugo a las acciones a balón parado. De hecho, una de sus armas más efectivas durante el torneo fue el saque de banda largo. Un centro proveniente de las manos de la catapulta del gran capitán: Aron Gunnarsson.

El camino a la Eurocopa

Holanda, República Checa, Letonia, Turquía y Kazajistán acompañaron a Islandia en una fase de clasificación en la que en realidad nadie podía presagiar que la selección islandesa pudiera meterse entre las tres primeras. Holanda era Holanda, Turquía estaba liderada por un Arda Turan estelar y la República Checa contaba con jugadores contrastados de la talla de Cech o Rosicky que podían aportar un punto de experiencia clave en partidos de esta índole.

Su andadura comenzó con un contundente 3-0 ante Turquía. Un encuentro muy disputado que se inclinó hacia el lado nórdico tras la expulsión del por aquel entonces central del Leverkusen Ömer Toprak. En la segunda jornada vencieron cómodamente a Letonia y en la tercera fecha recibían a Holanda, la gran favorita. Robben, Van Persie, Sneijder o Afellay fueron titulares en Reikiavik y recibieron un duro golpe de realidad tras un sonrojante 2-0 que consagraba a los vikingos como líderes del grupo manteniendo la portería a cero en los tres partidos.

La primera derrota llegó a manos de los checos en un partido que hacía que Islandia pusiera los pies en la tierra para cerrar la primera vuelta con un sólido triunfo a domicilio ante Kazajistán.  12 puntos y una diferencia de 7 sobre el cuarto hacían soñar a un país de 400.000 habitantes con jugar su primer gran torneo. Una oportunidad irrepetible, eso debieron pensar esta familia de futbolistas. Derrotaron en la sexta jornada a la República Checa y lograron la machada ganando por 0-1 al combinado holandés erigiéndose como el rival a batir dentro del grupo y quedando a tan solo un punto de conseguir la tan ansiada clasificación.

Al César lo que es del César

Islandia, sin excentricidades, hizo lo justo para lograr un empate que les daba el billete a la Eurocopa de 2016. Un tímido empate ante la selección kazaja que dio a conocer al mundo por primera vez “El aplauso vikingo”. Un ritual ancestral de conjura entre equipo y afición acompañado de palmas y un grito de “¡Huh!” que retumbaba al unísono. Tras la gesta los islandeses se relajaron y desaprovecharon la opción de ser primeros de grupo tras un empate a dos contra Letonia y cerraron la fase de clasificación con un tropiezo en Turquía que les relegaba a la segunda posición del grupo.

Los guerreros del hielo fueron el equipo menos goleado del grupo encajando únicamente seis tantos y dejaron fuera a una selección holandesa que partía como la innegable favorita. Una fase de clasificación histórica que situó a Islandia en el panorama futbolístico y recordó a todo aficionado que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. E Islandia con la fuerza de su hinchada y la entrega de sus jugadores contaba con un tándem indomable.

Pero una cosa es la fase previa y otra muy distinta trasladar todos los imputs positivos que has logrado durante esos meses a un torneo que se decide en semana y media. El combinado vikingo quedó emparejado en el Grupo F junto a Portugal, Hungría y Austria. La selección lusa parecía una potencia infranqueable para las otras tres, sin embargo, el nivel de húngaros y austriacos no distaba mucho del de una Islandia que lucharía con uñas y dientes por colarse en los octavos.

Medio país viajó a Francia para acompañar a la selección en un acontecimiento sin precedentes para ellos. Una erupción de ganas, alegría y corazón que situó a la afición islandesa como uno de los principales atractivos de la Euro. El debut de los vikingos en un torneo oficial se produjo el 14 de junio de 2016 en el Estadio Geoffroy-Guichard ante la Portugal de un Cristiano Ronaldo que no sabía a lo que se enfrentaba.

¿Quién dijo casualidad?

El encuentro comenzó con una Islandia titubeante a causa de los nervios al disputar su primer partido en una Eurocopa. Las lágrimas de emoción se apoderaron de gran parte de la grada nórdica e Islandia trató de parapetarse atrás y aprovechar alguna ocasión a la contra. El despliegue defensivo fue encomiable hasta que Nani consiguió abrir la lata para Portugal. Tras el descanso la selección vikinga se sacó la presión de encima y en un desajuste de la zaga lusa encontró el empate en una volea de Bjarnason y tras defender y defender durante más de media hora consiguió un valioso punto ante la que a la postre se coronaría como campeona.

La segunda fecha era un match Ball. Una choque crucial que definiría el rumbo del barco vikingo. Los islandeses volvieron a ser inferiores que su adversario, pero ese rol es precisamente los que buscaba el combinado nórdico. Parecer débiles para acrecentar su confianza y asestarles el golpe mortal en cualquier despiste. Sigurdsson adelantó a Islandia, pero esta vez el muro defensivo se acabó derribando en el último suspiro y de la forma más cruel, con un gol en propia del lateral Saevarsson. Los nórdicos eran segundos de grupo con los mismos puntos que Portugal y todo se decidiría en la última jornada.

Austria necesitaba ganar y a Islandia le podía valer el empate. Un duelo vibrante en el que la calidad de jugadores como David Alaba, Arnautovic o Sabitzer podría ser determinante. Bödvarsson abrió la lata para los islandeses y en el minuto 37 el combinado austriaco falló un penalti. Tras el descanso, Austria se fue al ataque y empató con un gol de Schöpf que dejaba el encuentro en el aire. En el tramo final los de Marcel Koller quemaron todas las naves y se volcaron en busca del gol que les diera el pase a octavos y lo que ocurrió… hizo explotar a un país entero.

En el minuto 94, Traustason, que había entrado desde el banquillo, finiquitó una contra perfecta de los islandeses para marcar el 2-1 y clasificar a la selección vikinga como segunda de grupo e invicta a los octavos de final. Todo ello, con un matiz similar al de la fase de clasificación. Relegaron a la gran favorita del grupo a una repesca en la que, ciertamente, al tener 3 puntos, no tuvieron mucho impedimento para disputar el partido de octavos. Eso sí, la Portugal de Cristiano se vería las caras contra una Croacia que venía de ganar a la selección española.

Tocar el cielo ya no es una utopía

Islandia estaba protagonizando uno de los relatos más emotivos de la historia de las Eurocopas. Un fútbol lleno de coraje acompañado de una marea azul con un grito de guerra del que medio mundo se hizo eco. El rival de la selección islandesa sería nada más y nada menos que una Inglaterra que venía dejando alguna que otra duda, pero seguía siendo Inglaterra. Los Three Lions venían de ser segundos en un grupo asequible y comenzaron el partido adelantándose con un gol de Rooney desde los once metros. Pero Islandia tenía un plan y lo ejecutó a las mil maravillas desde el balón parado. El empate llegó en un saque de banda ensayado que acabo rematando Ragnar Sigurdsson a placer.

A los 18 minutos los vikingos le daban la vuelta al partido con un gol desde la frontal del ariete Sigthórsson que desataba la locura en el graderío islandés y partir de aquí ya sabéis. Defensa, defensa y más defensa. La selección islandesa se blindó atrás y neutralizó a una potencia como Inglaterra para continuar escribiendo su propia historia. Eran la cenicienta. Eran los underdogs. Eran la selección con la que todo aficionado iba y de la que se habían enamorado al ritmo de un tambor y miles de aplausos.

Pero todo lo que sube siempre acaba bajando. El Stade de France acogía el encuentro de cuartos de final entre Francia e Islandia. La anfitriona contra la revelación. El mejor equipo en lo que iba de Eurocopa contra una roca inexpugnable que, esa tarde, estuvo muy lejos del nivel que había ofrecido durante el torneo. Y eso que la hinchada vikinga animó como nunca antes lo había hecho enmudeciendo a la parroquia local.

No llores porque acabó, sonríe porque sucedió

Francia fue un aluvión de juego y verticalidad. Cuatro goles en una primera parte de pesadilla para el combinado islandés. Incapaces de contener a Pogba, Griezmann y compañía, pero, sobre todo, inoperantes en las pocas acciones ofensivas de las que pudieron gozar. El segundo tiempo fue una mera anécdota en el que los nórdicos redujeron distancias para dejar el marcador en 5-2 al término del partido.

Podrías pensar que los jugadores estarían devastados. Que la afición les reprocharía la pésima actuación en el partido más importante de la historia de Islandia. Pero nada de eso ocurrió. La ovación, no solo por parte de la hinchada vikinga, sino de todo el estadio. Miraron a los ojos al mundo y dejaron un grito de guerra que quedó para la historia esa tarde en París y que ahora muchas aficiones imitan. Un ejemplo que demuestra que donde no llega tu calidad, llega tu compromiso, llegan tus ganas, llega tu lucha y, por encima de todo, llega el orgullo de representar aquello que tanto amas.