Me han dicho que el amarillo

Para entender a la afición del Cádiz, hay que comprender que el gaditano no separa su identidad civil de su identidad deportiva. Como bien dice el periodista y escritor local José Mari Aguilera, «en Cádiz, el fútbol es el pretexto y el Carnaval la gramática». La pasión no se grita, se canta.

El ejemplo más puro de esta simbiosis es el himno oficioso del club: «Me han dicho que el amarillo». No nació en un despacho de marketing, sino de la pluma de Manolo Santander, uno de los chirigoteros más legendarios de la ciudad, para su agrupación La familia Pepperoni (1998).

«Me han dicho que el amarillo / está maldito pa’ los artistas / y ese color sin embargo / es gloria bendita para los cadistas.

Este pasodoble pasó de las tablas del Falla a las gradas de forma orgánica, convirtiéndose en lo que muchos aspiran y pocos consiguen, un himno que no solo representa, sino que en sí mismo forma parte de la identidad del club, la afición y la ciudad.

Para el observador externo, el Cádiz CF es un equipo ascensor con una afición pintoresca. Para el gaditano, sin embargo, el club es una de las pocas instituciones que permite la cohesión social en una ciudad castigada históricamente por el desempleo y el aislamiento geográfico.Como señala el autor David Almorza en sus estudios sobre el Cádiz CF, la afición gaditana practica una suerte de «religión laica».  En Cádiz, la conexión entre el fútbol y el Carnaval no es un producto de marketing; es una consecuencia natural de compartir el mismo código genético: El gaditanismo.

Miembros de la chirigota La Familia Peperonni ,1998.

Muchas son las chirigotas las que año tras año usan su espació en el Gran Teatro Falla para pronunciarse sobre el equipo y su situación, tanto deportiva como institucional pero ninguna llegó, ni tiene pinta que llegará, a calar tanto como la de La familia Pepperoni.  Uno al escuchar la letra percibe varias cosas:

  • Pese a la aparente resignación del que se ríe de sus desgracias, los cadistas muestran un apoyo incondicional a sus colores , no importa ni como, ni cuando, ni donde, semper fidelis.

Y aunque reciben a cambio / todo un calvario de decepcione’ / de amarillo se pintan la cara / amarillos son sus corazone’.”

  • Muestran que la grandeza del club reside en su resistencia, al igual que el carácter del pueblo gaditano, forjado en mil y una batallas. Lo normal cuando se libran es esperar una victoria, pero la integridad que reside en quien la lucha , puede simplemente dotarla de mayor significado. 

“Sin importarles que nunca / vayan a ser campeone’. / Han conseguido el respeto / de toda España por esos colore’. “

  • El orgullo “de ser”. Porque hay cosas en la vida que sólo “són” cuando uno “mama” desde adentro y es que cadiz no acepta plagios (sino que se lo digan a los Romanos de Tenerife del COAC 2025) y el hecho de crecer en la “tacita” sólo es comprensible de puertas para adentro y disfrutable de puertas para fuera.

“Por eso viva mi Cádiz, / vivan los cadista’, / vivan sus cojone’.”

Homenaje del Cadiz CF al autor del himno oficioso Manolo Santander, 2015.

Este himno (de manera literal) nació además como comentaba el mismo autor en el diario de Cádiz en uno de los peores momentos deportivos del club: «Lo pensé en el mismo estadio, un domingo después de un encuentro. El Cádiz dio un partido malísimo, de los suyos de aquella época en Segunda B, y me vino a la mente que la afición, aunque entonces íbamos pocos, tenía dos cojones por aguantar aquello.

Aunque hoy parezca increíble, el pasodoble «Me han dicho que el amarillo» estuvo a punto de acabar en la papelera. Su autor, Manolo Santander, confesó también que a sus propios compañeros no les convenció al principio: «las caras fueron como de que no». Se incluyó en el repertorio por falta de alternativas y el jurado del Falla lo puntuó tan bajo que la agrupación entró en semifinales por los pelos.

Sin embargo, la calle fue más sabia que el jurado. Mientras los expertos lo ignoraban, la gente empezó a detener a los chirigoteros por las esquinas para felicitarlos.Para Manolo el verdadero «estallido» no ocurrió en su año de estreno, sino en el 2000 con la chirigota Los de Capuchinos. Tras cantar una letra de agradecimiento, el público del Falla, de forma espontánea y unánime, empezó a rugir el pasodoble de los Pepperoni.

Fue un momento de comunión absoluta que terminó con los autores llorando sobre las tablas: «estábamos llorando desde el primero al último. Hicimos hasta un charco». Aquella noche se confirmó que el Cádiz ya no tenía un himno de despacho, sino uno impuesto por su afición.

Como decía el propio Manolo, la magia residió en que el pueblo eligió una copla que hablaba de equipos modestos que nunca van a ser campeones, pero que son «gloria bendita» para su gente.