Roger Milla: El último baile más bello

‘The Last Dance’. Phil Jackson y Michael Jordan son los padres de esta frase, los máximos exponentes de un término que solo pueden usar los grandes. Roger Milla lo era.

Albert Roger Mooh Miller (Yaundé, Camerún, 1952) comenzó a jugar a fútbol en su país natal, cuando dar el salto hacia los grandes equipos a nivel mundial era poco menos que una utopía. El ejemplo de Eusébio —que fichó por el Benfica desde Mozambique— arrojaba algo de luz; no obstante, era una hazaña muy complicada.

La misma fe para convertirse en profesional la tenía en el área, listo e insistente como pocos, y la tuvo para salir del retiro con 38 años y escribir la página más bonita de su carrera profesional y del fútbol africano.

Carrera en Francia

Roger comenzó su carrera futbolística en Camerún, en clubes como Eclair de Douala, Léopard Douala y Tonnerre Yaoundé. A los 25 años, tras anotar 190 goles en 222 partidos disputados, dio el salto a Europa.

Roger Milla viste la camiseta del Mónaco.

Como numerosos jugadores africanos, Milla aterrizó en Francia. La adaptación no fue sencilla. Ni Valenciennes ni Mónaco —donde alzó una Copa de Francia— pudieron disfrutar del gran talento que habían incorporado y las acusaciones sobre sus salidas nocturnas complicaron aún más sus posibilidades en el país galo.

En el SC Bastia, con 28 años, logró reencontrarse con su fútbol, firmar números más que dignos —35 goles en 113 partidos— y conquistar otra Copa de Francia. Posteriormente, una aventura en la Segunda División le permitió consagrarse como una leyenda en el país; dos ascensos con el Saint-Étienne y el Montpellier lo devolvieron a la élite, pero en 1989, a sus 38 años, Milla decidió que era el momento de colgar las botas.

La llamada

La apacible Isla Reunión sedujo a Milla y a su familia. Jugar al fútbol amateur, sin presión, y disfrutar de playas paradisíacas: un retiro dorado para un tipo que ya había hecho historia y roto barreras para el deporte africano.

Sin embargo, la llamada de la selección camerunesa lo cambió todo. El seleccionador de Camerún, el ruso Valery Nepomnyashchy, y el presidente del país, Paul Biya, sabían que el grupo que viajaría a Italia necesitaba algo más que piernas jóvenes. Buscaban experiencia, liderazgo y colmillo competitivo. Y pensaron en él.

Milla, alejado de toda tensión competitiva desde hacía un año, recibió el telefonazo del mandatario de su país para volver a vestir de corto bajo los focos del mundo. Ardua tarea, pero un tipo que había cambiado su apellido en la camiseta de ‘Miller’ por ‘Milla’, para que sonara más africano, no podía rehuir la llamada de su presidente. No sabía en qué condiciones llegaría, pero sí que se implicaría al máximo para alcanzar el mejor nivel posible y, si no podía aportar dentro del campo, al menos sumar con su experiencia al vestuario.

Volvió. Y Camerún quedó encuadrado en un grupo terrorífico, junto a Argentina, Rumanía y la Unión Soviética. Horizonte difícil para los Leones Indomables.

El equipo camerunés mezclaba talento, físico y carácter. Thomas N’Kono, uno de los grandes porteros del torneo; los hermanos Biyik; el imponente Benjamin Massing; y un bloque compacto, disciplinado y convencido de que podía competir contra cualquiera.

El debut ante la Argentina de Maradona terminó con una victoria histórica por 1-0. No fue una actuación estelar de Milla, que partió desde el banquillo, pero el golpe ya estaba dado. Camerún había avisado al mundo.

El baile

Ante Rumanía llegó el momento de Roger. Dos goles saliendo desde el banquillo, dos acciones llenas de instinto, temple y mala idea. Instinto, sí, pero su celebración no tuvo ni temple ni mala idea; simplemente, ganas de disfrutar. El camerunés fue al córner y comenzó a bailar. Una demostración de espontaneidad, alegría y cultura africana. El fútbol no estaba acostumbrado a esto y Milla, con la naturalidad de los carismáticos, reivindicó sus orígenes. 

Hoy vemos a Vinícius, Neymar o Lamine Yamal bailar tras marcar un gol, pero, en esto, el pionero fue Roger Milla.

Historia del fútbol africano

La derrota ante la Unión Soviética no fue óbice para que Camerún superara la fase de grupos como primer clasificado. En octavos esperaba Colombia. Un partido igualado que se resolvió en la prórroga. 

Milla entraba siempre desde el banquillo porque, a sus 38 años, no podía competir a pleno rendimiento durante 90 minutos. Eso sí, cuando aparecía, sembraba el caos.

Una definición con la pierna izquierda por el palo corto superó a René Higuita en el minuto 106 y, tres minutos después, culminó la tormenta perfecta. En una posesión de Colombia, el excéntrico guardameta intentaba pisar el balón para engañar al tipo con más batallas a su espalda. El portero cafetero quiso hacer un truco de magia al mayor incrédulo que había sobre el verde; como era de esperar, salió mal. Roger Milla robó el balón y remató a placer para certificar la clasificación de Camerún a cuartos de final. África, por primera vez, alcanzaba esa ronda.

Roger Milla celebra un tanto en el Mundial de 1990.

Contra Inglaterra, Milla volvió a participar y volvió a hacer de las suyas. Su entrada influyó decisivamente en el resultado: provocó el penalti del empate y dio la asistencia del segundo gol. La figura más mediática de aquel Mundial lo había vuelto a hacer y Camerún, casi que también… Hasta que Inglaterra reaccionó, empató y el sueño se vino abajo.

En la prórroga, los británicos certificaron el 2-3. Nadie de Camerún se fue triste a casa. Todo lo contrario, el orgullo del pueblo era inmenso.

El gol más veterano en la historia de los Mundiales

Cuatro años después, Roger Milla seguía jugando al fútbol. Volvió a hacerlo de forma profesional en la Primera División camerunesa y tuvo una nueva cita con la historia en el Mundial de Estados Unidos de 1994.

La participación del combinado nacional fue decepcionante, pero él anotó un tanto contra Rusia que le distinguió como el goleador más veterano en la historia de la Copa del Mundo. 42 años y 39 días. Un hito que aún sigue vigente.

Roger Milla celebra su gol ante Rusia en el Mundial de 1994, con 42 años. FIFA

El último baile de Michael Jordan es incomparable. Nadie podrá igualar nunca la grandeza del deportista más mediático de la historia; pero recordar un último baile bello y emocionante es acordarse de la hazaña de Roger Milla con Camerún en 1990. 

Roger Milla y el fútbol: bailar y trascender.