UN TENISTA, TALISMÁN DEL MEJOR EQUIPO DE LA HISTORIA… POR LLEVAR SU CAMISETA

La fiebre que se desató por el fútbol español entre los años 2008 y 2012 bien estuvo justificada por el dominio aplastante de la Selección Española, que consiguió un hito histórico: ganar la Eurocopa de 2008, su primer Mundial de Fútbol en el año 2010 y repetir la máxima gloria continental en 2012. ‘La Roja’ se respiraba en cada rincón del país y se hablaba en cada bar de España a la hora del café, durante las largas sobremesas de los sábados y en las cañas de después del trabajo. Tal fue su impacto que hasta el tenis se acabó contagiando de aquel equipo que maravillaba al mundo cada vez que pisaba un terreno de juego.

Corría el año 2009. España era una de las grandes favoritas para llevarse la Copa Mundial de la FIFA de 2010 que se disputaría por primera vez en la historia en el continente africano: en Sudáfrica. Adidas acababa de anunciar en noviembre la elástica que luciría la Selección Española en aquel Mundial bajo el lema “El poder de La Roja”. Menos de un mes después, la marca alemana hizo historia anunciando que esa misma camiseta la luciría también un tenista: Fernando Verdasco.

La imagen de la campaña de Adidas «El poder de La Roja se contagia» entre la Selección Española y Fernando Verdasco.

El madrileño fue el protagonista de la campaña “El poder de la roja se contagia”. La firma de las tres barras apostó por él en su mejor año, en el que llegó a ser la séptima mejor raqueta del mundo y se coló entre los “maestros” que juegan las ahora conocidas como ATP Finals a final de temporada. Esta consistió en que “Fer” llevaría la misma camiseta que usaría España meses después en Sudáfrica para la final de la Copa Davis frente a la República Checa y que tuvo lugar en el Palau Sant Jordi de Barcelona.

Podría decirse que la campaña fue un éxito rotundo –o por lo menos, deportivamente. Principalmente porque España se proclamó campeona en Barcelona y alzó la que fue su cuarta ensaladera. La final fue dominada de principio a fin y acabó con un contundente 5-0, en el que Fernando firmó el punto que dio la victoria junto a Feliciano López en el partido de dobles frente a Tomas Berdych y Radek Stepanek.

Fernando Verdasco (izquierda), junto a Feliciano López, Radek Stepanek y Tomas Berdych en la final de la Copa Davis de 2009.

Poco hay que contar que no se sepa de lo que ocurriese meses más tarde, entre el 11 de junio y el 11 de julio de 2010 con esa misma elástica y la Selección de Fútbol… Esa misma con la que se perdió en el fatídico partido inaugural contra Suiza, pero con la que se venció después a Honduras en el segundo encuentro, a Portugal en octavos y a Alemania en semifinales con el –ya legendario- gol de Puyol. Aunque, para casualidad, el famoso Trofeo Jules Rimet se acabó levantando en el Soccer City con aquella equipación visitante de color azul marino.

Tal fue la satisfacción de todas las partes que “Fer” siguió portando esa misma camiseta en la Davis de 2010, aunque España acabase cediendo en cuartos ante Francia. Sin embargo, para el 2011 volvió esta estrategia y Verdasco adelantó el uso de la camiseta de la Selección para la Eurocopa de verano de 2012. ¿El desenlace? El mismo que dos años antes. España volvió a salir campeona tanto en tenis (victoria ante Argentina en la final con Verdasco y Feliciano ganando su punto del dobles) como en fútbol. El 4-0 a Italia fue la guinda final del equipo que mejor ha jugado ha fútbol en su historia.

Feliciano López y Fernando Verdasco durante la final de la Copa Davis de 2011 ante Argentina.

Así, entre raquetas y balones, Fernando Verdasco terminó convirtiéndose en un inesperado amuleto de una generación irrepetible. Su coincidencia con aquella camiseta trascendió lo puramente anecdótico para convertirse en símbolo de una época dorada del deporte español. Quizá fue casualidad, quizá marketing brillante… o quizá algo más. Lo cierto es que, cada vez que “La Roja” vestía de gloria, allí estaba también su talismán silencioso, recordándonos que la historia a veces se escribe con guiños improbables.