El grito de la lucha contra la depresión: Josip Ilicic

Nunca se supera del todo, sino que se aprende a convivir con ella. Eso suele decirse de la depresión, una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas -el 4% de la población mundial- según datos de la Organización Mundial de la Salud. Con ella lidia también el talentoso atacante esloveno, Josip Ilicic.

Una zurda prodigiosa, creatividad pura y efectividad en la mediapunta del Atalanta. Un futbolista diferencial cuyo brillo se vio atenuado por los dolores internos. Cuando su presente lo elevaba como uno de los nombres propios del fútbol europeo, su pasado lo arrastró hacia el ostracismo y le obligó a bregar consigo mismo. 

Nacido en Prijedor, Bosnia y Herzegovina, en 1988, el pequeño Ilicic, junto a su madre Ana y su hermano Igor, fue obligado a abandonar su hogar cuando él apenas tenía un año, tras el asesinato de su padre en el contexto de la guerra de los Balcanes. Se trasladaron a Kranj, en Eslovenia, donde comenzaron a reconstruir su vida.

Una trayectoria peculiar

Josip disfrutó de la pelota como uno más, jugando para Triglav Kranj y Britof. Fueron sus primeras casas antes de dar el salto al fútbol profesional con el Bonifika en 2007, con apenas 19 años. Interblock detectó su talento y lo incorporó a sus filas: 12 goles en 55 partidos. Sin embargo, el descenso del club a segunda división puso en jaque su futuro. Para la joven perla, el fútbol podía acabarse.

Pensó seriamente en retirarse con apenas 22 años. Entonces apareció Zlatko Zahovič. La leyenda del fútbol esloveno apostó por él y lo llevó al Maribor, la misma casa que le tendió la mano en 2022, aunque de eso hablaremos más tarde.

Ese mismo 2010, Italia llamó a su puerta, concretamente Palermo. El club siciliano le abrió las puertas de la élite y allí se salió. La Fiorentina lo fichó con cartel de estrella y, pese a tener un desempeño más que digno, se fue a Atalanta con menores expectativas. Nadie contaba con que, desde Bérgamo, enamorase a Europa.

El proyecto de Gasperini tenía en Ilicic una de sus estrellas y él devolvió la confianza. Junto al Papu Gómez y Duván Zapata formó uno de los tridentes más atractivos del fútbol europeo. El esloveno convirtió 60 goles en 173 partidos y firmó auténticas exhibiciones con el 72 a la espalda. A los 32 años, atravesaba el mejor momento de su carrera. Aquella temporada fue su cima. Paradójicamente, también el último capítulo antes de la caída.

Covid y duelo interno

El 10 de marzo de 2020, en España comenzábamos a tomarnos en serio aquel virus que venía de China y que, semanas antes, había sido más motivo de ironía que de alarma. Mestalla echaba el cierre ante la emergencia sanitaria y, en ese estadio vacío, Josip desplegó su mejor fútbol. Cuatro goles. Un póker. El Atalanta, a cuartos de final de la Champions League. 

El fútbol se detuvo cuando el Atalanta e Ilicic encandilaban a Europa. En seco.

Todos los aficionados deseábamos que volviera a rodar el balón para, entre otras cosas, ver cómo de lejos podía llegar el valiente equipo que había confeccionado Gasperini y cuántas obras más podría ofrecernos el mago esloveno. No obstante, durante esos meses de cuarentena algo se rompió en él.

No lo supimos hasta que pasaron unos meses. No pudo ayudar a los suyos en la eliminatoria contra el PSG y desapareció de las convocatorias en la Serie A. Los peores días de la pandemia, los ecos de las ambulancias y las calles inhóspitas fueron demasiado para aquel niño que huyó de la guerra de los Balcanes. Ilicic se hundió en lo más profundo de sus traumas y el fútbol, en ese momento, no calmaba su dolor.

También circularon rumores en multitud de medios que apuntaban a una supuesta infidelidad de su pareja, desmentidos por el propio Ilicic en una entrevista concedida a La Gazzetta dello Sport.

En la temporada 20-21 regresó. Lo intentó. 28 partidos, seis goles y diez asistencias. Alternó titularidades y suplencias, pero su cabeza aún no estaba preparada. Tampoco lo estuvo en la campaña siguiente.

“Él es una persona muy normal y muy positiva, pero el interior de nuestras mentes es como una jungla”, explicó Gasperini cuando fue preguntado por el segundo parón de su futbolista en 2022. Aquel sería el final de su etapa en Bérgamo. Ocho minutos en su último partido liguero y una despedida envuelta en aplausos, respeto y empatía.

El gol del regreso

Tras rescindir su contrato con el Atalanta, el Maribor volvió a acudir al rescate; ese lugar que llamó a su puerta cuando se planteaba dejar el fútbol en 2010. En octubre de 2022, el club esloveno oficializó su llegada como agente libre y, el 6 de noviembre de ese mismo año, volvió a vestir de corto.

Lo hizo ante el Mura, lejos de su mejor forma física y bajo la mirada de muchos que desconocían la batalla que llevaba librando durante meses. Verlo en el campo, más o menos en forma, era motivo suficiente para alegrarse. Ilicic había logrado lo más difícil.

Saltó al campo para disputar los últimos 15 minutos, en los que hizo gala de su enorme calidad. Un recital de juego en corto, pases en profundidad y recortes; uno de ellos confundió a su marcador, que terminó derribándolo dentro del área. Penalti.

En el minuto 89, Ilicic puso el balón en el punto fatídico. Nadie sabe qué pasaba por su cabeza en aquel momento, pero, a buen seguro, sus familiares, seres queridos y aficionados tenían muy presente lo áspero que había sido el camino hasta regresar a ese lugar. 

Como si fuera un penalti más, el gigantón con clase de 1,90 metros de altura tomó una bocanada de aire y puso el balón arriba, cerca del larguero y lejos del portero. Gol.

Su reacción fue tranquila, pero reveladora: sonrió, levantó los brazos y recibió con gratitud el cariño de sus compañeros y de la afición. Aquel no era un gol más. Era el grito de la resiliencia. El de alguien que había aprendido a convivir con su peor rival. Ilicic volvió a sonreír.

Eurocopa 2024

Ilicic ya era un héroe por volver, pero hacerlo en forma elevaba aún más su historia. El esloveno recuperó la motivación, bajó peso y se puso de nuevo a tono para competir.

En 2024, cuatro años después de caer en su propio abismo y a los 36 años, Josip Ilicic regresó a una convocatoria con Eslovenia. Matjaž Kek confió en él para disputar la Eurocopa de Alemania, la segunda en la historia del país tras la de 2000. Consiguieron clasificarse hasta los octavos de final, donde cayeron en los penaltis frente a la Portugal de Cristiano Ronaldo.

La depresión afecta a cerca de tres millones de personas en España y el 35% de la población del país sufre algún problema de salud mental, según se extrae del Informe Anual 2024 del Sistema Nacional de Salud (SNS). Josip Ilicic es uno de tantos que libra una lucha constante contra sí mismo, pero también es uno de los pocos que, gracias a su talento con el balón en los pies, logra ponerle voz. 

Hay goles que no se celebran en un estadio. De hecho, los más importantes se anotan en silencio. Ilicic, el gol que grita contra la depresión.